Al llamado a licitación de las obras para poner en valor al Monumento Nacional de la Bandera, que ahora agoniza, sólo le falta que alguien diga lo que ya está a la vista de todos: «se cae». No hay motivos para ser optimistas.
Alguna autoridad nacional (encargada de poner los fondos), provincial o del municipio rosarino, deberá decir en breve que la obra finalmente no se hará y con ello la alicaída ciudad de Rosario recibirá un nuevo y duro revés, esta vez golpeando directamente en su principal marca identitaria.
Las necesarias obras de reparación y puesta en valor se vienen postergando por años. Fueron anunciadas en su momento por la expresidenta Cristina Fernández, pasó todo el gobierno de Mauricio Macri y buena parte de la gestión de Alberto Fernández y, por diferentes cuestiones, el resultado final siempre fue el mismo: postergación, caída, promesa sin cumplir, trabajos sin hacer…
Ahora, a cuatro meses de ese acto licitatorio, y aun cuando técnicamente todavía podrían adjudicarse las obras (hubo dos empresas que presentaron ofertas), todo indica que el gobierno nacional no hará nada, dejando caer todo el proceso. Y que, tratándose además del último año de gobierno y con el rigor de una inflación del ciento por ciento, la hipotética nueva licitación, ya no ocurrirá durante esta gestión. Lamentable, desde cualquier punto de vista.
Amarga espera
Después de un tortuoso recorrido durante el gobierno de Macri en que finalmente las obras encaradas quedaron inconclusas, se rearmó una licitación con las tareas esenciales de conservación y puesta en valor para completar lo que nunca se hizo. Así, se llega al año pasado, con un llamado a licitación que apuntaba a arreglar la fuente de la proa del Monumento, limpiar los mármoles, entre otros trabajos de conservación y puesta en valor.
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