En los primeros 5 días se registraron 7 crímenes, entre ellos el de un niño de 11 años, que fue atacado a tiros mientras estaba junto a otros chicos y su familia y fue velado a metros de donde lo mataron. Este lunes se conoció que una escuela recibió 15 balazos, por lo que se suspendieron las clases. La semana pasada la ciudad estuvo en boca de medios de todo el mundo, luego del ataque a tiros contra el supermercado de la familia de Antonela Roccuzzo, esposa de Messi.
En Rosario se superaron los límites en materia de inseguridad. Es una frase que se torna repetida, al igual que las balaceras, las muertes y los ataques con tinte mafioso y entorno narco, con mensajes intimidatorios. Este fin de semana, demostrando que la calle de la ciudad gobernada por Pablo Javkin está tomada por la violencia, un niño de 11 años fue asesinado de un disparo que le perforó el cuerpo. Este lunes fue velado en un club del barrio donde lo encontró la muerte, donde familiares, vecinos y docentes de la escuela a la que asistía despidieron sus restos.
El dolor ante la muerte, el duelo ante la partida de un ser querido, es algo prácticamente inexplicable. Las páginas policiales todos los días hablan de muerte, de números, de estadísticas, que en Rosario se van superando en forma periódica. Pero esos números nada dicen de las otras víctimas, las que quedan buscando explicación ante lo que podría haber sido evitado.
Ese es el caso de Máximo Geres, el niño de 11 años que fue asesinado en la noche del sábado cuando estaba junto a otros niños y varios adultos, en calle Cabal al 1300 bis, de la zona conocida como Los Pumitas, en barrio Empalme Graneros, celebrando un cumpleaños.
En la mañana de este lunes 6, familiares del chico, vecinos y hasta docentes de la escuela N° 1344 Bilingüe Taigoye, a la que asistía, participaron del velatorio que se llevó a cabo en el club Los Pumas, ubicado en el corazón del barrio.
En los alrededores había varios coches policiales, con una importante cantidad de uniformados, que miraban en silencio lo que pasaba en la puerta del club ubicado en calle Cottone al 100 bis.
“No podemos vivir así; los chicos son inocentes y ahora estoy yendo al club a recibir el cuerpo de mi sobrino. Estamos todos destrozados, son chicos sanos; él había jugado al fútbol, terminó a las 18, y pasó lo que pasó”, dijo en la mañana de este lunes Antonia, tía del niño asesinado.
“Estamos todos destrozados. Me lo mataron. Son chicos sanos, estaban jugando a la pelota y pasó lo que les pasó. Quiero justicia para que no haya más Máximos en el barrio. Lo único que pido es que se haga justicia”, agregó.
Por su parte, Alfredo, uno de los maestros del niño asesinado opinó que con la balacera “ya se les fue la mano».
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