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La pareja de artistas que perdió cinco casas y cuatro hectáreas de bosque nativo en los incendios de Epuyén: “No nos quedó nada”

Cuando el mensaje llegó al teléfono de Rocío, ya no había nada más que hacer. Mariano —su pareja y padre de sus dos hijos— le escribía mientras el fuego avanzaba hacia su casa. Alertado también por un vecino que le gritó “rajá de ahí”, dejó una motobomba encendida mojando el lugar y se fue.

“Desde mi perspectiva, la parte baja del cerro Pirque había explotado. Era como un hongo gigante que se levantaba en el cielo. El cerro rugía. Un sonido que nunca había escuchado en mi vida”, reconstruye en charla con Infobae.

Horas antes, Rocío había salido manejando una Kangoo cargada con lo indispensable y seis animales. El plan era resguardar eso y volver para defender su casa y Bosque Gracias, una residencia artística que habían construido en Epuyén, al pie del cerro Pirque, hacía más de una década.

No pudieron. El fuego arrasó con cuatro hectáreas de bosque nativo y cinco casas: la de ellos, la de la madre de Rocío, las dos de la residencia artística y la de una pareja de amigos con la que gestaban ese proyecto. “La pérdida implica el sustento de tres familias, con dos niños pequeños, y el sueño de todos los que pasaron por Bosque Gracias y empatizaron con eso”, lamentan.

Mariano y Rocío son artistasMariano y Rocío son artistas y se instalaron en Epuyén hace doce años

De Haedo a la Patagonia

Mariano (42) y Rocío (37) son artistas y padres de dos niños de 8 y 12 años. Llegaron a Epuyén desde la localidad bonaerense de Haedo hace más de una década, buscando otra forma de vivir. Allí encontraron una comunidad creativa activa, atravesada por el cuidado del bosque y un entorno que les permitió transformar su profesión. “Nos conectó con la posibilidad de pasar de ser artistas analógicos y digitales a encontrar nuevas maneras de vincular arte, naturaleza y tecnología”, explican.

De esa búsqueda nació Bosque Gracias, un proyecto de residencias artísticas que con el tiempo se convirtió en un punto de referencia para creadores de todo el mundo. Empezaron recibiendo cicloviajeros que se alojaban a cambio de trabajo; luego sumaron voluntariados para enseñar técnicas de permacultura y, finalmente, consolidaron las residencias. En total, pasaron por allí más de 200 artistas. “Estábamos en un momento muy vivo, en pleno esplendor de la experiencia turística que habíamos construido”, dice Mariano.

Todo eso ardió en cuestión de horas.

“Las casas y los estudios“Las casas y los estudios que construimos con nuestras manos quedaron aplastados por los escombros”, cuentan

El fuego comenzó del otro lado de la montaña, en Puerto Patriada. Aunque al principio parecía lejano, igual los tenía en alerta. “Esta es nuestra manera de vivir en el verano. Se vive mucha con angustia. Muchas personas aprendieron a combatir incendios y salen corriendo a salvarle la casa a un vecino porque ya perdieron la suya. Todos tenemos un kit con motobombas, mangueras y mangas”, dicen.

Aquel fuego incial —que ya afectó más de 12 mil hectáreas— en menos de 24 horas avanzó por valles y cañadones, cruzó el lago y el río Epuyén, la Ruta 40, y terminó rodeándolos. “Se veía la llamarada de fuego y humo, a más de 70 metros, y en lugares inaccesibles para apagar. La montaña es inmensa. La única manera de haberlo frenado en un primer momento, hubiera sido una inversión fuerte en aviones hidrantes para enfriar las zonas calientes. Pero eso no pasó”, dice Rocío.

Nadie dio abasto: ni las brigadas autoconvocadas, ni los bomberos voluntarios. Los aviones hidrantes, en nuestra zona, casi no se vieron. Por momentos dio la sensación de que se priorizaron otros lugares, mientras acá había unas cuarenta casas. El abandono se notó desde el primer día, pero al quinto —cuando el fuego llegó a nuestra casa— ya era alevoso”.

La chacra antes del incendioLa chacra antes del incendio

Dejar la chacra

Días antes de evacuar, Rocío y Mariano pusieron a salvo a quienes estaban de visita en la residencia y llevaron a sus dos hijos a la casa de una familia amiga para que los cuidara. Ellos se quedaron un poco más, junto a sus socios, Nico y Maru, tratando de combatir el fuego. “Cuando vimos que el fuego podía llegar, cargamos lo más importante en el auto”, cuenta Mariano. “Imaginate: tres familias y seis animales. Movimos lo que pudimos”, agrega Rocío.

No se trataba solo de dinero o documentos. “En una situación así tenés que pensar qué es lo mínimo para seguir en pie: abrigo, frazadas, esas cosas que también sostienen la cabeza. Para los chicos eran los peluches. Teníamos cajas y cajas y decíamos: ‘¿Cómo metemos todo esto en un auto con todo lo demás?’”, recuerda Mariano. También las herramientas: “Si el fuego alcanza tu casa, sabés que después tenés que empezar de nuevo”.

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