El Cristal y El Palmar sucumbieron a la extrema sequía que azota a la región. Sus espejos de agua quedaron reducidos a la nada. Desiertos de arena y polvo prevalecen en lo que fueron reservorios de vida para la flora y la fauna.
Un escenario desértico domina el panorama en las dos lagunas más imponentes del norte de la provincia de Santa Fe, al punto que con los impiadosos soles de enero es harto imposible fijar la vista en el horizonte y mantenerla.
Los efectos devastadores de una sequía que transita su tercer año consecutivo se hacen sentir en todos los rincones del norte provincial y tienen especial correlato en El Cristal y El Palmar, dos reservorios de agua de salvaje belleza natural que literalmente desaparecieron.
Laguna «El Cristal», un desierto. Foto: Marcos Mian.
La primera de estas lagunas, ubicada en el sureste del distrito Calchaquí, está sin agua en toda su extensión desde antes del comienzo de la temporada estival. Con suelo de arena, es considerada un oasis y la más desarrollada en su zona de influencia en cuanto a alternativas turísticas, con una profundidad ideal para el disfrute de las familias, los deportes náuticos, la pesca deportiva, el avistaje de aves y el senderismo, más la oferta de alojamiento que fue creciendo en los últimos años.
Cíclico
Hoy por hoy, el espejo de agua quedó reducido a la nada misma y solo una postal de arena y desolación domina la cruel realidad. En términos históricos, se trata de un fenómeno cíclico que ya afectó con idéntica intensidad a El Cristal en 2002 y 2012, pero que también se repite años tras años con menor magnitud a la actual.
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