Vale. Y claro que vale. El dolor de quedarse afuera no puede opacar que el camino de Ecuador en Qatar fue el del respeto ganado, el de la camiseta defendida, el de un equipo joven con proyección, el de un entrenador que le dio orden. La Tri estuvo tan, pero tan cerca, de meterse en octavos que el dolor de los miles ecuatorianos que estuvieron en el Khalifa Stadium y de los millones que lo siguieron por la tele es inevitable. El “sí se puede” vale más que nunca por más derrota y eliminación se haya vivido.
Y se pueden encontrar varios ejes para explicar la caída como también para pensar por qué pude tener otro final. Lo cierto es que Senegal salió convencidísimo, con más determinación. No le costó robarle la pelota a Ecuador, casi que se la encontró sin querer. Y las desatenciones generales, producto quizá de nervios o inexperiencia, le fueron dando a los africanos situaciones claras de gol.
De hecho, haber terminado el primer tiempo sólo con un gol abajo, pareció ser un buen negocio. Porque antes del penal de atropellado que hizo Hincapie, la seguidilla de llegadas se sucedían. Gueye primero, Dia un poco daban un mal presagio. Los centrales desatentos, los volantes sin control de pelota ni pase, Plata intermitente y un Enner Valencia que por más voluntad que puso, el esguince de rodilla le pasó factura.
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El Profe movió el banco
Los cambios de Alfaro, la urgencia general y la decisión de Senegal de retrasarse armaron un combo como para ilusionarse. Ecuador, sin jugar del todo bien, empezaba a llevar el juego hacia el área rival. La movilidad de Reasco fue importante para que aparecieran los espacios y así los volantes se sumaron al ataque mucho más aunque la profundidad no aparecía. El corner que desvió Hincapie para el gol de Caiceso era el premio a la búsqueda.
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