La llegada de un nuevo fenómeno de El Niño comienza a generar expectativas y también preocupación entre especialistas y autoridades por los posibles efectos que podría provocar en gran parte del país. Si bien todavía resta atravesar buena parte del invierno, los indicadores climáticos ya muestran señales de que el segundo semestre estará marcado por una fase activa del fenómeno, con mayores probabilidades de lluvias por encima de los valores normales.
En diálogo con Radio CASTELLANOS, el meteorólogo y docente de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas, Horacio Sarochar, explicó que El Niño es un fenómeno oceánico que se desarrolla en el Pacífico Ecuatorial y que modifica la circulación atmosférica a escala global.
«Cuando los vientos alisios se debilitan, el agua cálida que normalmente permanece sobre el norte de Australia e Indonesia se desplaza hacia la costa sudamericana. Ese cambio altera la circulación oceánica y también la atmosférica, generando una mayor disponibilidad de humedad y favoreciendo las tormentas», detalló.
Según indicó, aunque el fenómeno se origina frente a las costas de Ecuador y Perú, sus efectos alcanzan distintas regiones del planeta. En Argentina, explicó, suele traducirse en precipitaciones superiores a lo normal sobre la región central, la llanura pampeana, el noreste argentino y la provincia de Santa Fe, además de temperaturas levemente más elevadas.
Un Niño que podría ser intenso
Sarochar aclaró que dentro de la comunidad científica no se utiliza el término «super Niño», aunque sí existen fundamentos para pensar que el evento será de intensidad importante.
«La temperatura del Pacífico Ecuatorial, cerca de Sudamérica, está aumentando bastante más de lo normal y también por encima de otros episodios registrados en el pasado. Eso hace prever una mayor disponibilidad de vapor de agua y, por lo tanto, condiciones más favorables para precipitaciones abundantes», explicó.
Además, señaló que otros fenómenos atmosféricos de menor escala, como la Oscilación Antártica y la Oscilación Madden-Julian, actualmente presentan una configuración que también favorecería las lluvias, potenciando los efectos del Niño.
Más lluvias, pero sin pronósticos puntuales
El especialista remarcó que no es posible anticipar cuánta lluvia caerá ni en qué fechas específicas, ya que este tipo de pronósticos se realizan sobre tendencias climáticas de varios meses.
«Lo que se espera es un aumento general de las precipitaciones durante la primavera y el verano. Para el trimestre julio-agosto-septiembre, el Servicio Meteorológico Nacional prevé lluvias algo superiores a lo normal principalmente sobre el noreste argentino. En la zona de Rafaela todavía no aparece una señal tan marcada, aunque ya se registraron precipitaciones algo superiores al promedio y esa tendencia podría incrementarse en las próximas estaciones», indicó.
Alerta para las zonas ribereñas
Uno de los aspectos que más preocupa es el posible impacto sobre los grandes ríos de la región. Sarochar recordó que El Niño también incrementa las lluvias en el sur de Brasil, donde nacen importantes cuencas hídricas que luego desembocan en el Paraná y el Uruguay.
«Ya se están observando aumentos en los caudales y eso debe ser motivo de atención para las autoridades y las poblaciones ribereñas. Los eventos intensos de El Niño han provocado inundaciones muy importantes, como ocurrió en 1997», recordó.
Por ese motivo, insistió en que la principal herramienta es la prevención. «El fenómeno no puede evitarse, pero sí pueden tomarse medidas con anticipación. Hay que revisar sistemas de escurrimiento, planificar eventuales evacuaciones si fueran necesarias y seguir permanentemente la información oficial. La meteorología cumple justamente esa función: avisar con tiempo para que se puedan tomar decisiones», sostuvo.
Un fenómeno que ya está instalado
Consultado sobre la posibilidad de que las previsiones cambien en las próximas semanas, el meteorólogo señaló que, una vez iniciado, El Niño presenta una evolución bastante estable.
«Este fenómeno ya está instalado. Estamos hablando de enormes masas de agua cálida desplazándose a través del Pacífico, con una cantidad de energía gigantesca. No es algo que aparezca o desaparezca de un día para otro; cuando se instala suele mantenerse durante varios meses», explicó.
Finalmente, Sarochar destacó el trabajo del Servicio Meteorológico Nacional, aunque expresó preocupación por la reducción de personal que atraviesa el organismo. «Los profesionales argentinos tienen un nivel comparable al de los mejores servicios meteorológicos del mundo. La preocupación pasa por la disminución de personal y la menor cantidad de observaciones en algunas estaciones, algo que puede afectar especialmente los pronósticos de corto plazo», concluyó.
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