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Argentina afronta un partido para desactivar una bomba

Llegó la hora de ganar como sea. El juego ante Croacia tiene dos direcciones bien definidas: encarrila con un triunfo el pasaje a octavos o queda comprometida la clasificación.

Nizhni Nóvgorod toma considerable distancia de Moscú y San Petersburgo. No se parece casi en nada a las dos capitales históricas de Rusia. Prácticamente esta ciudad no se alimenta todo el tiempo del turismo porque fue cerrada para los extranjeros durante la era soviética por su infraestructura militar, industrial y científica. Igual, para los hinchas argentinos que se mueren por ver a la selección nada está amurallado. Mucho menos los sueños de verla campeona del mundo en Rusia. Pero para mantener viva esa ilusión, el equipo debe sacar adelante un partido que ya causa taquicardia. Es que pocas veces un juego de primera fase tendrá tanto peso en el futuro inmediato de la selección argentina. Porque más pronto de lo imaginado, el equipo de Jorge Sampaoli afrontará un desafío que sólo admite dos direcciones bien definidas. O encarrila la clasificación a octavos con la ganancia de un triunfo o con cualquier otro resultado queda realmente muy comprometido antes del cruce traumático que será frente a Nigeria, en la última fecha del grupo D.

El contexto en el que se moverá Argentina es tan tóxico que los noventa minutos de hoy no los separa de la gloria. Del otro lado de la cornisa asoma algo mucho peor: el abismo. El equipo del Zurdo ya empieza a asomar la cabeza en el precipicio no sólo por el mal resultado que sacó en el arranque contra Islandia. También por estos jugadores, que hace rato están arrinconados por la incertidumbre. Y esa inercia negativa con la que conviven no les permite llevar con naturalidad tanta presión. Entonces, un cruce de ocasión ante Croacia, un duelo que no tiene historia ni adornos estadísticos trascendentes, cobra un valor decisivo: gana o comienza a despedirse de Rusia. La mayoría de los actuales jugadores, con Messi como el más responsable de todos, ya son expertos en perder finales. Ahora no pueden fracasar en un partido que les servirá apenas para la supervivencia. Así saldrán a jugar, sabiendo que cuando se trata de ellos, los beneficios que supone el éxito quedan sepultados por los perjuicios del fracaso.

Además, por más que se busquen consuelos o justificaciones, para salir de un presente de incertidumbre no hay mejor remedio que un desquite inmediato. Las heridas sufridas en una cancha se curan y se cierran en el campo de juego. Por eso no tiene ningún sentido mirar el mal partido que se jugó ante Islandia por el espejo retrovisor. Tampoco es aconsejable detenerse en culpas o lamentos ni en los cambios pocos productivos que introdujo Sampaoli. A Argentina le espera un escenario tan peligroso como traicionero. Croacia no es el rival más cómodo para buscar la recuperación. Tampoco para que el técnico casildense apueste por una sobredosis de su estilo para salir de este encierro. A más riesgo, aumenta el peligro. Quizás por eso Sampa todavía no confirmó al equipo y hasta puso en duda la titularidad de Pavón. Se ve que recalculó y ahora estaría pensando en alinear a un mediocampo más armado y menos vulnerable con Salvio, Enzo Pérez, Mascherano, Meza y Acuña. Igual, siente que rumbo al desahogo se conduce tomando riesgos. En dos días metió la mano en la bolsa y revolvió entre varios apellidos. De lo que no duda es del estilo. Mucha agresividad ofensiva y hacerle un trámite insoportable a Croacia. Por algo también el DT croata Zlatko Dalic maneja la alternativa de dejar a Mandzukic como llanero solitario, poner un volante más y adelantar a Modric con respecto a la línea de Rakitic y Perisic.

Ni la mirada más alarmista podría hablar de un examen cualquiera para Argentina y Sampaoli. El entrenador y sus sueños de grandeza están frente a una de las situaciones que vino a buscar a Rusia cuando decidió tomar a una selección en emergencia. Porque detrás de la eventual victoria la recompensa será estar a la altura del técnico que el mundo futbolístico alguna vez creyó conocer.
Los números suelen ser tan caprichosos porque hasta no ganando Argentina queda con posibilidades de clasificar. Pero no es tiempo de sacar cuentas. Es hora de ganar. Lo necesita para tranquilizarse y olvidar lo antes posible que la selección se metió sola en problemas. Si le hubiera ganado a Islandia no estaría viviendo este calvario. Serán 90′ que medirán la verdadera estatura de la selección argentina en más de un sentido. El calibre estará puesto en lo emocional, en lo futbolístico, en lo individual y, como ya es habitual, en el grado de azar. Entre tantos condicionamientos emocionales, la rebeldía del plantel sigue en observación.
Qué mejor que sacarse ese lastre para esta generación de jugadores, siempre señalada por dedos acusadores de que en este tipo de instancia flaquean. Más allá de esquema, intérpretes y responsabilidades, Argentina necesita de un estado de ánimo. El móvil puede ser cualquiera, bronca, vanidad o venganza. Lo relevante es ver a estos jugadores reaccionar de una vez. Tienen a favor que el destino sigue en sus manos. Dependen de sí mismos. Eso sí, después de lo que ocurra, no serán los mismos. Si son capaces de ganar acomodarán los melones arriba del carro y todo empezará a fluirles naturalmente.
La mayor presión estará del lado de Argentina, que caminará entre un precoz epitafio y la vuelta de hoja para que la historia en el Mundial siga abierta a la grandeza.

 

Mirada croata

“Messi dosificó energías en los últimos partidos con Barcelona pensando en el Mundial. Nunca lo veo más feliz que cuando tiene que jugar con su selección”, confió el croata Rakitic.

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