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El partido del que nadie se excluye

Se juega el clásico número 89 en el historial desde 1948. Con la confirmación de Gamba, Madelón pone el equipo base que fue titular casi siempre. En Colón, Ledesma va de arranque y Domínguez “confirmó” a Alan Ruiz, que iría arriba con Correa, casi seguro, o Vera. También entraría Guanca en el equipo.

Desde Barranquitas hasta Colastiné y desde el Centenario hasta Cabaña Leiva, sin contar Santo Tomé, Rincón y todos los asentamientos urbanos en los que emergen corazones rojiblancos y rojinegros, los duendes de inolvidables e inmortales “próceres” se volverán a reunir en torno a ésta, que es la gran fiesta de los santafesinos.

Ya lo dijo alguna vez Eduardo Sacheri: “…Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del cual no debió moverse, porque era el exacto sitio en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí. Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como éste. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos…”. Los clásicos son así. Es cierto que la vida continúa, que ni Colón ni Unión serán más grandes o más pequeños por un solo partido, pero cuando se juntan, cuando se enfrentan, cuando la ciudad se paraliza y no hay un solo tema más de conversación que no sea el partido, los 90 minutos más estresantes del año, nada ni nadie pasa a ser más importante. Y parece que “la gloria o Devoto” se presentan en forma de partido de fútbol, con 22 jugadores defendiendo y sudando esas camisetas que honran y apasionan a todos los que habitamos esta ciudad.

Compartir todos los días con Nery Pumpido, campeón del mundo, me ha permitido desbordar nuevamente mi capacidad de asombro. “Yo pagaría por jugar un partido así”, dijo Nery. Increíble por dónde se lo mire. Justo él, que tiene toda la gloria encima y nadie podrá quitársela jamás. Justo él, que levantó la copa del mundo en el Azteca al lado de Maradona. Justo él, que tiene con Ruggeri el récord de haber ganado en un año todo lo que puede ganar un jugador en el planeta.

No será un domingo más, ningún domingo de clásico es un domingo más. Los duendes de aquéllos que empezaron a escribir la historia estarán sobrevolando la Costanera, el Parque Sur, el Brigadier López, el 15 de Abril, el Parque de la Locomotora, el Puente Colgante, el Parque Garay, el bulevar, los bares, las calles desiertas de los barrios, ese aroma a tierra mojada que muchas veces nos hace volver a la feliz infancia para inundarnos de buenos recuerdos.

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